Mare Nostrum

Mare Nostrum es un rpg que se desarrolla en la antigüedad. Tienes la oportunidad de ser un filósofo de la antigua Grecia, un bárbaro galo, un escriba egipcio o un emperador romano. Cambia la historia y se parte de ella.
 
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 Recién llegada en el País del Desierto [ABIERTA]

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Siobhane
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MensajeTema: Recién llegada en el País del Desierto [ABIERTA]   Sáb Abr 19, 2008 2:25 pm

Recién llegada a ese lugar, Siobhane caminaba con pasos lentos por las calles que le resultaban desconocidas. Había sido prudente y no se había alejado del Palacio al cual podía vislumbrar cada vez que divisaba el final de las calles, espléndido, glorioso y tremendamente alejado de sus costumbres.

Sus pasos eran lentos mientras que en sus brazos llevaba con cuidado un ánfora con el mejor vino que había encontrado en ese lugar y que llevaba en dirección del Palacio para su Señor, el cual se había hospedado allí. Por lo que parecía era un personaje importante en esa sociedad que no terminaba de comprender.

A su alrededor las personas hablaban en ese idioma que prácticamente desconocía, solo había aprendido a entender una serie de palabras que aparecían de vez en cuando en las conversaciones, relacionadas todas ellas con los alimentos y los productos más básicos. Caminaba con cuidado porque temía resbalar, caer y que la preciada vasija se rompiera derramando el líquido rojizo por el suelo que parecía sediento a sus pies.

Ese era un extraño lugar.

También caminaba despacio porque hacía calor, un tremendo calor que las callejuelas estrechas para que el sol no llegara y las sombras fueran las amas, no podían disipar. Y ella se había negado a vestir una de las túnicas que había visto en el interior, por lo que llevaba su largo vestido de lana negra y el cabello trenzado y largo cayendo a su espalda con libertad.

No podía evitar que su lengua fuera al lugar donde el labio se había roto debido a un golpe de su Señor. Un golpe merecido según él, completamente inmerecido según ella. Los pasos seguían hacia delante mientras que el Sol brillaba con rabia en el cielo.

-Bienvenida al país del Desierto.- pensó mientras seguía caminando.
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Nefertari Merienmut
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MensajeTema: Re: Recién llegada en el País del Desierto [ABIERTA]   Sáb Abr 19, 2008 3:07 pm

Nefertari había salido esa mañana a pasear por los alrededores del palacio. Había ido a mirar los productos de los bazares, era una de sus actividades favoritas. Puede que por el bullicio, la variedad de gentes y productos, las animadas calles comerciales o simplemente por el placer de distraerse de sus deberes.

De vuelta al palacio, charlaba animadamente con unas cortesanas muy amigas suyas. De cerca las seguían los guardias reales, vigilando que nadie se acercara más de la cuenta a la monarca.
Empezaba la época de sequía y el calor empezaba a hacerse notar. Casi inconscientemente, iban andando de sombra en sombra, sin perder el hilo de la conversación.

Pronto una figura vestida de negro llamó la atención de la joven reina; se trataba de una mujer del norte, ataviada con unas ropas seguramente muy incómodas con el calor que hacía.
Se cruzaron, fue entonces cuando Nefertari la analizó con la mirada. No le dio más vueltas y simplemente siguió andando, conversando con esas mujeres sobre las adquisiciones de la mañana.

De pronto, la chica oyó un estruendo a sus espaldas. Al girarse vio a la joven extranjera en el suelo, que ahora estaba bañado por el contenido de la vasija que se había roto al caer. Tardó unos segundos en entender que un arrogante noble, con su caballo, había hecho caer a la joven y además ahora le gritaba enfurecido.
“¡Mira por donde vas! Has asustado a mi caballo, este animal vale más que tú. ¡Ya no saben como incordiar!” chillaba el hombre a lomos del caballo.

“¿Acaso es ese el modo que tienen los nuevos ricos de llamar la atención? ¿o es tan sólo una muestra de mala educación?”Dijo la reina, que no había avanzado hasta el lugar de los hechos. Miraba al noble a lo lejos, medio girada hacia él, hablándole por encima del hombro.
Se giró completamente para dirigirse a la extranjera y ayudarla a levantarse.
“Supongo que tendréis la elegancia de preguntarle a la dama cuanto le debéis por la vasija y el vino.” Dijo mirando de reojo al rico.

“Pero majestad, ha sido culpa suya. No se ha apartado a tiempo. Y demos gracias a que no ha ocurrido nada, porque podía haber caído del caballo.” Contestó arrogante el hombre.

“Apuesto a que el caballo se hubiera alegrado…”murmuró la joven, para que solo la escuchara la chica del norte. Se percató de que no había entendido lo que le había dicho, pero siguió hablando con el noble.
“Así que, ¿cuánto decís que le vais a pagar? Me temo que no os he escuchado bien.” Dijo levantando la voz, para que el círculo de gente que se había formado alrededor lo escuchara bien.

El rico, viendo que tendría que pagarle a la extranjera inventó una excusa.
“Me temo que no llevo dinero encima” dijo con un destello de malicia en la mirada.
“Bien. No hay problema. Sois muy amable y generoso al cederle vuestro caballo en compensación.” Dijo la reina, quien era ahora quien sonreía con malicia.

El capitán de la guardia, que era un gran amigo, no pudo contener una carcajada al ver como había derivado la situación. En unos minutos, el hombre rico se alejaba a pie por las calles de la ciudad, maldiciendo su suerte.
“Seguro que el caballo es más que suficiente para pagar el vino y la vasija. Creo que habéis salido ganando.” dijo la reina en uno de los idiomas de la Galia, de donde creyó que procedía la joven.
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Siobhane
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MensajeTema: Re: Recién llegada en el País del Desierto [ABIERTA]   Sáb Abr 19, 2008 3:29 pm

Sin saber exactamente cómo sucedió se encontró en el suelo y con el contenido de la vasija esparciéndose a sus pies, el golpe había provocado que por unos instantes se quedara sin respiración y sentía su cuerpo dolorido, pero aún así la mirada de sus ojos verdes se clavó en el extranjero con cierta altivez. Lo raro es que no la golpearan más con esa actitud.

Fue entonces cuando la vio, cuando vio a esa mujer que pudo notar claramente como alguien con poder. Era hermosa, joven e inteligente, rodeada de gentes importantes y la actitud que estaba provocando en el hombre que la había atropellado, aún sin entender más que palabras sueltas como vasija o vino, la decían con toda claridad que seguramente fuera una de las personas más importantes de aquel lugar.

No entendía demasiado lo que sucedía, solo palabras sueltas, que provocaban que su ceño se frunciera en su afán de entender un idioma que le resultaba desconocido por completo. Pronto se vio con las riendas del caballo en sus manos y el hombre marchando a pie, pronto supo que sería un nuevo enemigo para ella.

Entonces su rostro se iluminó con una sonrisa al escuchar las palabras de la mujer, ¡hablaba la lengua de sus vecinos del continente! Y ella la conocía porque además que se asimilaba, muchos habían cruzado para los intercambios que se habían ido sucediendo durante los años, desde que tenía uso de razón.

”Agradezco vuestra amabilidad.” contestó ella mirando a la joven reina sin saber que quizá ese gesto fuera suficiente como para ser considerado como una ofensa. Entonces, sin pensar siquiera lo que estaba haciendo, tendió la rienda hacia la mujer provocando que un remolino de movimiento se extendiera a su alrededor cuando la guardia vio lo que estaba sucediendo, deteniendo ese gesto.” Lo siento…” contestó confusa, para después mirar de nuevo hacia la reina.”Esto es vuestro, agradezco el gesto, pero no sabría qué hacer con este magnífico animal y creo que es lo suficiente bueno para vos.”

Esperaba que no creyera que era una actitud hostil o demasiado orgullosa, pero en su corazón había nacido la idea de que se lo merecía. El caballo, negro, vibrante, orgulloso, seguramente de las tierras de Hispania golpeaba inquieto las calles con los cascos herrados.

- Es hermoso… y libre.- pensó para sí mirando al animal, escapándose por un instante una sonrisa de entre sus labios.
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Nefertari Merienmut
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MensajeTema: Re: Recién llegada en el País del Desierto [ABIERTA]   Sáb Abr 19, 2008 4:28 pm

Nefertari negó con la cabeza.
“Insisto. El caballo por el vino y la vasija. Me parece lo más justo.” dijo acariciando el morro del animal.

Nefertari observó el labio partido. Acto seguido, sus pensamientos empezaron a encadenarse: el labio, la ropa, la vasija…
Sin hacer referencia alguna a lo que pensaba, invitó a la extranjera a acompañarla al palacio.
“Si no queréis el caballo, os lo compraré. Pero no es mío hasta que hayáis recibido el pago. Acompañadme al palacio, allí os daré lo que me pidáis a cambio del animal.” Dijo sonriendo. Esta vez optó por hablar en el idioma de las islas británicas, ya que le pareció que se había equivocado al pensar que era gala, por el acento más que nada.
La gente volvía a su rutina, se alejaban del lugar, pero aún había curiosos que observaban la escena a lo lejos. El capitán de la guardia, que hasta entonces se encontraba a una distancia prudencial de la reina, se acercó para indicarle a la joven que ya era hora de volver.

Antes de encaminarse hacia el palacio, Nefertari decidió preguntarle algo a la joven.
“¿Qué os trae por Egipto? Este es sin duda el lugar más hermoso del mundo” dijo orgullosa de su país “pero a los del norte se os hace bastante poco agradable, por el calor sobretodo. Aunque sería más fácil adaptarse con ropa algo más fresca y ligera que no esa lana tan recia que, sin duda, cumple magníficamente su función en el lugar de donde procedéis pero aquí quizás es incomoda. ¿me equivoco?” preguntó la joven, observando las ropas de la muchacha.

Nefertari pensó que seguramente la extranjera no sabía quien era. En la ciudad todos la reconocían pero era obvio que alguien de tan lejos como esa joven no la reconocería si no se la presentaban.
“Disculpadme, no me he presentado debidamente.” Dijo inclinando la cabeza ligeramente, con elegancia. “Soy Nefertari, la amada de Mut, encarnación de la diosa Isis y reina y soberana de esta nación.” Dijo en tono solemne haciendo una leve reverencia de presentación.
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Siobhane
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MensajeTema: Re: Recién llegada en el País del Desierto [ABIERTA]   Sáb Abr 19, 2008 4:50 pm

El gesto de ella tocando el morro del animal le dijo que le gustaban los caballos. Poca gente se tomaba tantas confianzas con un animal como el que tenían delante. El caballo correspondió con un ligero bufido y un ladeo de cabeza para poder ver con claridad a la reina con sus avispados ojos castaños. Inteligentes, bravos, libres como suelen ser los de un animal como el que se encontraba sujetado con firmeza por la mano de la celta.

Asintió ligeramente para sí al ver cómo la mujer cambiaba el idioma al suyo, entendiéndolo entonces perfectamente. El rostro era sereno, serio, pero los ojos verdes miraban completamente agradecida a la mujer, a la joven, que tenía delante de ella. Era agradable escuchar hablar en su propia lengua a alguien que era amable, que de momento no había tenido un gesto hostil. Se preguntó cómo sabría tan fluidamente su idioma y la miró con más curiosidad si cabe.

Desde luego, era sorprendente la mujer que tenía a su lado.

” La vasija y el vino no podrían comprarse ni de lejos a este animal.” contestó con solemnidad, mientras la miraba.” Aceptaré como “pago” una vasija y un vino como el que llevaba, nada más”

Sabía que si se acercaba a su dueño con ese caballo se lo quedaría él y no estaba dispuesta a ello, era un caballo demasiado magnífico para que un hombre como el general que la había apresado, brutal y arrogante, se lo quedara. Prefería que lo tuviera esa mujer que hablaba su idioma y que había sido amable con ella simplemente por el hecho de querer serlo. Miró a la joven por un instante, su túnica de lino fino y después volvió sus ojos hacia el tosco vestido de lana.

” Mi Señor se encuentra en el Palacio por asuntos que no me ha querido decir y yo le acompaño.” contestó mientras la miraba, intentando que la hostilidad no se mostrara en su voz, rozó ligeramente con la yema de los dedos la lana oscura y después negó suavemente.” Es cierto, este lugar es hermoso a pesar del calor y sé que podría soportarlo mejor con otras ropas, pero…” se detuvo al no saber cómo explicarse a continuación, sin saber cómo decirla que si no utilizaba la ropa del lugar era porque odiaba cómo la miraba su amo cuando llevaba esa ropa que tapaba menos que la ropa que llevaba en ese instante, que insinuaba más.” estoy bien así, gracias.” contestó, apartando los turbios pensamientos que seguramente habían empañado sus ojos verdes.

Al escuchar esa presentación los ojos de la muchacha se abrieron más de lo habitual mientras la miraba, entendió pronto lo que quería decir y su rostro, su cuerpo, se flexionó en una reverencia de respeto.

”Un placer conoceros, Nefertari amada de Mut.” susurró, para después decir su propio nombre.”Soy Siobhane Savage, esclava del Romano.

Alzó el rostro, con el ceño ligeramente fruncido, porque no sabía muy bien cómo explicar mejor lo que era y porque había sido la primera vez que había admitido en voz alta que no era más que una esclava.

-[i] Antes hubiera sido Siobhane Savage, Sacerdotisa de la Diosa.[i]- pensó para sí.
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Nefertari Merienmut
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MensajeTema: Re: Recién llegada en el País del Desierto [ABIERTA]   Sáb Abr 19, 2008 5:30 pm

Nefertari levantó ligeramente una ceja, sus sospechas se habían cumplido: era una esclava.
-romano…-pensó la reina –salvajes… en Egipto solo los criminales son esclavos, solo los prisioneros políticos, pero no una joven indefensa.-
Apartó de su mente esos pensamientos, sabía que nunca se debía generalizar.

“No sé si sabréis que en Egipto no sois esclava de nadie, a no ser que seáis una criminal… que no creo. En Roma las cosas son distintas… hablaré con vuestro señor.” dijo la reina mientras seguía acariciando al caballo.
“Habéis tenido una buena educación. Se os nota al hablar. Deduzco que no erais una simple campesina en vuestras islas… quizás hija de algún noble o puede que ocuparais algún cargo relevante. ¿Es así?” inquirió la joven.

No tardaron en llegar al palacio, enseguida salieron varias criadas a dar mensajes a la reina sobre sus tareas. La chica iba reteniendo la información en su mente mientras le indicaba a Siobhane que la siguiera.
Se dirigieron al almacén de las cocinas, donde un corpulento cocinero atendió a la reina.
“La comida para el embajador persa ya está lista… ¿es eso lo que queréis preguntar?”dijo sonriendo.
“no. Vino.” Se limitó a decir. “Trae una vasija del mejor vino. No. Espera…”dijo pensándoselo mejor. “manda que lo lleven a la sala de descanso, la que está al lado de mis aposentos.” Indicó.

Se dio media vuelta y se dirigió hacia dicha sala. Entró y le indicó a la ex-sacerdotisa que se sentara a su lado.
Esa era su estancia favorita, más incluso que su habitación. Allí era donde iba siempre a descansar y a charlar con sus amigas y su hermana. Era una sala acogedora pero grande, llena de cosas: había divanes, juegos de senet, mesas, instrumentos…

“Dime, ¿Cómo se llama tu señor?” preguntó la chica haciéndole un gesto a las criadas para que se retiraran.
“Si ha venido al palacio es posible que lo conozca.” dijo más para ella que para Siobhane.
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Siobhane
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MensajeTema: Re: Recién llegada en el País del Desierto [ABIERTA]   Sáb Abr 19, 2008 5:49 pm

Escuchar las palabras de la reina provocaron que el corazón de la celta comenzara a latir con rapidez ¿era cierto? ¿en esas tierras no era esclava de nadie? Con gesto pensativo se la quedó mirando porque si era cierto, quizá pudiera librarse del romano y poder volver a su tierra, quizá ayudarles, quizá encontrar a parte de esas personas que habían desaparecido en un ataque a traición y poder ver cómo estaba la situación.

Las palabras de ella provocaron que la mirada verde se clavara en la de la joven reina. Serenidad, pausa, tranquilidad unidas por una determinación, por una fuerza, que solo pocas personas poseían.

Mis padres eran campesinos, pero desde pequeña fui educada para servir a la Diosa, soy una de sus Sacerdotisas.” contestó mientras la miraba, era la mejor de las respuestas que podía dar. Decir esas palabras, escucharlas en voz alta, la hicieron bien aunque quizá terminara siendo mal como pensara demasiado en algo que bien podía no conseguir.

La Libertad, esa palabra era lo que provocaba que el corazón latiera rápido, que su mente comenzara a anhelar, a desear, a buscar la manera de conseguirla. Caminaba a su lado, el caballo fue entregado a uno de los hombres sin pensar, mientras que confiada la seguía. Las palabras, las frases, a su alrededor perdían sentido porque hablaban en ese idioma que ella no entendía. Su rostro serio observaba a su alrededor con gesto pensativo mientras que la reina seguía con sus quehaceres diarios.

Se sintió privilegiada al ver cómo la trataba sin pensar que era una esclava – aquí no lo soy – se recordó a si misma mientras que la seguridad se iba implantando lentamente en su cuerpo. Andaba a su lado tras el encuentro con el cocinero, para después entrar en esa sala la cual observó con curiosidad, sus ojos verdes deslizándose por cada uno de los objetos que extraños se encontraban a su alrededor.

Caio Cornelio, es un general romano.” contestó mirándola a los ojos.” Combatió en mi tierra y por ello recibió muchos honores al llegar a la ciudad que llaman Eterna.”

Incluso había conseguido un triunfo, el desfilar con sus hombres por la ciudad cuando las legiones no podían entrar, únicamente para situaciones como aquella. Se había acomodado al lado de la mujer, su lengua se movía ligeramente por encima del labio partido, para después al darse cuenta dejar de hacer dicho gesto.

” ¿Qué es?” preguntó curiosa al ver los juegos de sent.
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Nefertari Merienmut
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MensajeTema: Re: Recién llegada en el País del Desierto [ABIERTA]   Sáb Abr 19, 2008 6:24 pm

Nefertari llamó a una criada. Y le repitió el nombre que Siobhane le había dado. La criada asintió y cerró la puerta de nuevo.

Nefertari conocía el carácter de los romanos y sabía que su sistema no era igual al suyo y sabía que debía ir con cuidado al elegir las palabras.

La reina seguía sumida en sus pensamientos. Pensaba en la vida de Siobhane; seguramente había sido muy dura. Ver a su pueblo derrotado, sometido al poder de los romanos, a su imposición era seguramente más horrible incluso de lo que parecía. Sabía que las tensiones políticas eran difíciles, así que tendría que evitar enfadar al romano. Pese a que no toleraba ese comportamiento, el someter a personas sin ningún motivo, pese a que le hacía hervir la sangre, no se inmutaba. Estaba acostumbrada a no dejarse llevar por las pasiones, a controlarlo todo con la cabeza fría.
La pregunta de la chica la devolvió al mundo real.

“¿Esto? Es el senet.” Explicó. “es un juego de mesa muy entretenido. Luego si quieres te enseño a jugar.” Ofreció la reina.
De pronto se percató del vestido de lana de nuevo. Se levantó y fue hacia un baúl que había al lado de la puerta que daba al balcón. Se agachó, lo abrió y rebuscó en el interior. Finalmente, sacó un par de prendas de colores claros.
“Creo que te irán bien. Eres más o menos como yo…” dijo tendiéndole la ropa.

“Lo que no sé es cómo puedes resistir el calor y el picor de eso…”dijo señalando el vestido de lana. En sus viajes al norte, había llevado de esos, pero le habían parecido demasiado recios. Pero obviamente con el frío que hacía se agradecía la ropa de abrigo, aunque a ella en particular la lana le picara.

“Si quieres cambiarte puedes hacerlo en esa sala.” Dijo señalando una puerta al fondo de la estancia. “si no te gustan hay más, pero me ha parecido que estos son los que te sentarían mejor”explicó.
Supuso que sería la primera persona en mucho tiempo que trataba a Siobhane con amabilidad. Admiró la fuerza de la joven pero no pudo evitar sentir algo de pena por lo mal que lo habría pasado.
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Siobhane
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MensajeTema: Re: Recién llegada en el País del Desierto [ABIERTA]   Sáb Abr 19, 2008 6:54 pm

¿Qué no hubiera dado para encontrarse primero como una mujer como la Reina de Egipto? Había algo en la joven que tenía delante que le demostraba todas esas virtudes que eran tanto había escuchado en Roma: la virtud, la caridad, la templanza y la justicia. Las cuatro virtudes cardinales que se encontraban directamente hechas mujer en la dama que tenía delante suyo. Podría haber sido completamente distinta la situación y por eso agradecía la amabilidad que podía ver con toda la claridad del mundo en los ojos de ella.

Ante el ofrecimiento de ella de enseñarla la mujer asintió, observando con curiosidad el juego de mesa que tenía delante y que desde luego no sabía cómo funcionaba. Curiosidad, la misma curiosidad que mostraba cuando vio moverse a la reina y volver al cabo de unos minutos con sendos vestidos que la tendía.

En otra ocasión seguramente lo hubiera rechazado, pero era ella la que se lo ofrecía por lo que Siobhane se incorporó para tomar la ropa y mirarla con curiosidad. Era fina, suave, desde luego mucho menos tosca que la prenda de lana que se encontraba sobre su cuerpo, prenda de lana llena de remiendos porque no tenía nada más que ponerse. Alzó los ojos hacia ella y se mordió brevemente el labio inferior, para terminar contestando.

”Gracias, de verdad,” respondió al tiempo que la miraba con timidez ante el siguiente comentario, después se encogió suavemente de hombros.” Es esta ropa o vestir con los harapos que me de él, prefiero vivir con este vestido que además me cubre más que las ropas del resto de los esclavos.”

La suavidad de la túnica se deslizaba una y otra vez por sus dedos, cuando la indicó dónde ir para cambiarse, asintió inclinando ligeramente el rostro. Al menos vestiría así mientras estuviera con ella aunque se pusiera el vestido de lana una vez que tuviera que volver junto a su señor. Así, tras inclinar el rostro, se dirigió hacia la sala contigua introduciéndose en la misma.

Observó los vestidos al tiempo que se retiraba el que llevaba. Había agua limpia, seguramente para el aseo de la reina por lo que no lo tocó con miedo de ensuciarlo. Llegaba a través de una de las ventanas la luz y una breve brisa que provocó que su cuerpo se estremeciera de placer, placer que siguió cuando notó la suavidad de la tela deslizándose por su cuerpo… liviana, placentera, lejos del peso de la otra prenda de vestir.

Fue entonces cuando escuchó la voz del hombre. Caio Cornelio acababa de llamar a la puerta y echo entrar en la sala cuadrándose como un militar delante de la Egipcia aunque sus ojos oscuros la miraran como si no terminara de creerse que una mujer gobernara el destino de un reino como Egipto. El pelo corto, el rostro afeitado, el cuerpo vestido con la ropa de general demasiado musculoso.

He escuchado que habéis encontrado a mi esclava, espero que no os haya causado ningún problema.” dijo, tras haberse presentado ante la mujer que tenía delante, manteniéndose aún en la puerta.

Siobhane, desde la estancia contigua, vestida con la túnica prestada, no pudo evitar estremecerse mientras que su corazón latía a mil por hora.
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Nefertari Merienmut
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MensajeTema: Re: Recién llegada en el País del Desierto [ABIERTA]   Sáb Abr 19, 2008 7:15 pm

Nefertari observó al hombre con curiosidad, como si lo estudiara, como quien estudia a una presa antes de atacar.

“oh no, al contrario. Es una buena chica.” dijo Nefertari sin levantarse de su asiento. “Me ha dicho que la tratáis muy bien” mintió la reina. Era descarado, sí, pero era el mejor modo.
El general frunció el ceño.
“Con justicia” corrigió el hombre con voz autoritaria. “Siento las molestias, me la llevaré ahora mismo. ¿Dónde esta?” preguntó el hombre mirando a su alrededor.

“Debió de ser barata…”murmuró Nefertari. “puede que incluso no costara nada.” Dijo ella levantando el cuello con aire orgulloso. “he oído mucho sobre usted general.” Volvió a mentir la reina. “Grandes conquistas en el norte. Todo un honor conocerle.” Dijo ella.
Quería pagar la libertad de la joven, pero debía buscar el momento idóneo. Nada más ver al general sabía que debía hacer para conseguir su objetivo.

El general sonrió, inflando el pecho, con cierto aire arrogante.
“El placer es mío, majestad.” Dijo mirando a la reina de pies a cabeza.
Eran esa clase de personas las que Nefertari no aguantaba. Pensó en la mala suerte de Siobhane, que además de ser apresada tuvo que soportar a alguien como ese hombre, más que repulsivo. Era esa clase de persona que daba mala fama a Roma.

“Verá… esa joven… puede serme muy útil. Estoy buscando a nativos de las islas británicas para aprender el idioma, que aún no domino. Pensé que quizás usted podría ser tan amable de aceptar que la comprara. Pagaré bien, por supuesto.” dijo la reina con todo el tacto que pudo.

El general frunció el ceño más aún y reclamó la presencia de su esclava con arrogancia. Nefertari giró el cuello hacia la puerta y la llamó.
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Siobhane
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MensajeTema: Re: Recién llegada en el País del Desierto [ABIERTA]   Sáb Abr 19, 2008 7:33 pm

Desde el lugar donde se encontraba Siobhane escuchaba toda la conversación, entre las manos aún tenía el vestido de lana que retorcía una y otra y otra vez. Conocía demasiado bien a ese hombre como para saber que las cosas no iban a ser nada fáciles, que todo iba a terminar estallando en cualquier momento y la forma en la que estaba contestando a la reina…

- Maldito estúpido- pensó para sí, negando ligeramente.

Agradecía de corazón lo que estaba haciendo, pero estaba claro que no iba a servir para nada, el general se había obcecado y sabía que ella no merecía todas las atenciones que estaba otorgándole la reina. Antes de que la llamaran ya se había cambiado de vestido al de lana, había dejado en la otra sala los que le había dejado la reina porque temía que si apareciera con ellos pudiera acabar con problemas.

Se adentró en la sala y pudo ver como automáticamente el hombre clavaba su mirada en ella, una mirada de eterno odio que nunca había terminado de entender. En cuanto se acercó la aferró del brazo y miró hacia la reina.

No os dejéis engañar, no creo que os sirviera para más que para lo que me sirve a mi.” el tono que empleó podría dejar en el aire parte de la realidad.”Además no entiendo por qué deseáis aprender ese idioma de bárbaros, cuando pronto terminarán hablando latín como el resto de las tierras que nuestro Imperio consiga”.

Estaba claro que era un hombre de armas, que no entendía demasiado de diplomacia y que consideraba a las mujeres poco más que seres para dar hijos y punto. Fue entonces cuando giró el rostro hacia Siobhane una vez más y la miró a los ojos con decisión.

”¿Y mi ánfora de vino?” reclamó, Siobhane intentó hablar, pero él la cayó con una sola mirada.”¿No sirves ya ni para eso?”

Entonces se giró para donde se encontraba la Reina, con el ceño ligeramente fruncido como si de repente se hubiera dado cuenta que quizá pudiera haberla vendido, pero le era más gratificante el simple hecho de humillarla, de provocarla el dolor que había sentido en el pasado cuando apenas era un crío y… Apartó esos pensamientos de su cabeza mirando una vez más a la joven celta.

” Mi familia está encariñada con ella” mintió volviendo la mirada hacia la reina.” Aún no entiendo bien por qué.” masculló más para sí que para la joven reina.
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Nefertari Merienmut
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MensajeTema: Re: Recién llegada en el País del Desierto [ABIERTA]   Dom Abr 20, 2008 2:40 pm

Nefertari apenas miró a la chica celta cuando entró en la habitación. Mantenía sus ojos clavados en las pupilas del romano, con aire amenazante, como si le advirtiera que no le llevara la contraria.

“precisamente, los barbaros de las islas tienen interesantes métodos curativos y me temo que se van a perder si no lo recogen culturas superiores. La biblioteca de Alejandría estaría muy interesada en lograr traductores.” dijo improvisando una respuesta más que válida.


El romano miró con desconfianza a la reina y luego a la celta. No estaba seguro de querer deshacerse de su esclava.
“¿encariñado? Bien. Entiendo… Así pues, creo que lo más justo será que fije usted el precio en función al cariño que le tiene su familia. Diga una cifra” ofreció la reina.

Al escuchar esta oferta el general abrió los ojos, sorprendido. No era frecuente recibir una oferta tan generosa y estuvo dudando de que realmente estuviera dispuesta a pagar tanto por una esclava. Pero, ¿acaso no podía ser esa una muestra de extravagancia de los poderosos? Era bien sabido que las personas de altos cargos en el mundo tenían extraños caprichos, insólitos y a veces absurdos para el resto de la población.

Aún así intuía que no debía confiar en aquella mujer. Seguía siendo extraño su interés.
“Además, por lo visto, era sacerdotisa, con lo que debe de saber algo de medicina bárbara y por poco que sea, ya es un comienzo” añadió la monarca al deducir los pensamientos de su invitado del Lacio.

“Sigo pensando que no os hará demasiado servicio” dijo el militar que seguía dudando sobre la oferta de la reina.
“Seguro que más del que le hace a usted, perdiendo vasijas... ¿no es una pérdida económica? Además de la alimentación y sobretodo su carácter altanero… Aquí estará vigilada por guardias armados, así es como se doma a las fieras.”Dijo Nefertari, haciendo uso de su don de palabra. Sabía que podía ser muy persuasiva cuando quería y sabía que tenía facilidad para captar la atención de la gente, utilizando siempre las palabras más oportunas en el momento correcto.

“Y… bueno, no es muy fuerte que digamos. Tampoco parece muy hábil con los trabajos manuales… por no hablar de su falta de fidelidad… ¡vete a saber qué ha hecho con la vasija!” argumentó la reina.
Tenía las ideas muy claras, no iba a permitir que la ex-sacerdotisa volviera a Roma con aquel hombre. No entendía como podían tratar a personas inocentes de ese modo, como animales. Entendía que lo hicieran con presos políticos y criminales, ¿pero que había hecho de malo la gente como Siobhane?
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Siobhane
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MensajeTema: Re: Recién llegada en el País del Desierto [ABIERTA]   Dom Abr 20, 2008 3:03 pm

Siobhane, junto al Romano, escuchaba con atención las argumentaciones de la reina. Su corazón latía tan rápido que estaba segura de que lo estaban escuchando, la martilleaba contra el pecho y el rugido se la sangre la ensordecía en cierta manera. Jamás hubiera creído que su destino fuera a discutirse entre dos personas ni que ella deseara con toda su alma que ganara esa mujer que, quizá fuera todo un artificio, pero la había tratado como algo más que a una simple esclava.

Sentía que su alma comenzaba a anhelar, a desear la libertad y lo más peligroso de todo: a tener esperanzas. Esperaba que esas esperanzas no se truncaran porque alcanzar algo que se desea para después que te lo arrebaten provoca heridas que no sabía si podría volver a sentir.

El hombre, mientras tanto, se mesaba la barbilla en un gesto pensativo mientras miraba hacia la reina. Era cierto que tenía razón en lo que le decía, quizá pudiera encontrar a otras mujeres mucho más… satisfactorias en todos los sentidos, la altanería de la muchacha, el no saber estar en presencia de extraños le había provocado más de un problema.

No sabía cuál era el papel de un esclavo y aún así tampoco quería desprenderse de ella porque podía hacer con ella lo que quisiera, porque sentía el poder sobre ella y sobre su cuerpo cada vez que la golpeaba o la mandaba o la hería de cualquier forma que se le ocurriera en un momento determinado. Miró a la reina y sonrió brevemente, un gesto que desde luego no iluminó sus ojos y que fue más una mueca.

”El cariño no suele tener precio, pero si tuviera que ponerle uno sería como mínimo un millón de sestercios, la muchacha hace compañía a mi familia.”

Era un precio desorbitado, una fortuna puesto que era lo mínimo que se necesitaba para entrar en el ordo senatorial. Era una auténtica locura y Siobhane miró a la reina, negando ligeramente. Sabía perfectamente que ella no valía eso, que era demasiado, que… dioses, no, no podía hacerlo.

El romano mantuvo esa sonrisa de los que se creen con la sartén por el mango mientras miraba a la reina.

Aún así, si así lo queréis, puedo hacer que mientras me encuentre en Egipto os ayude en esas tareas que creéis que puede hacer.”

Era una pequeña libertad, una muestra del romano para con la reina de demostrar que podía ser benevolente si así lo quería y de paso quizá enterarse de los secretos que había en ese lugar. Siobhane se movió ligeramente incómoda mientras apartaba la mirada de la reina negando ligeramente para sí.

A veces sentía la necesidad de matarle y huir… aunque supiera que no iba a dar más de un par de pasos antes de morir bajo las armas de clientes, criados y amigos del maldito romano que la había arrancado de su tierra, le había arrebatado el orgullo y la libertad a base de golpes.
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Nefertari Merienmut
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MensajeTema: Re: Recién llegada en el País del Desierto [ABIERTA]   Dom Abr 20, 2008 4:39 pm

Nefertari trató de disimular su sonrisa de satisfacción. Lo había logrado, lo tenía en la palma de la mano. Había hecho bien en ofrecerle la oportunidad de decir una cifra ya que se le veía que era una persona avariciosa y que no dudaría en decir una astronómicamente desorbitada. Eso era una oportunidad de oro y más aún lo que había dicho a continuación el romano: se la ofrecía para traducir lo que quisiera.

“Eso es mucho… Creo que tenéis razón, lo mejor será que nos ayude a traducir unos cuantos textos y con esa monumental cifra, tendré lo suficiente para pagar a estudiosos, aunque no nativos, que me ayuden con el resto.” Dijo sonriendo con falsa amabilidad.

“Así salimos todos ganando. Usted conserva a su esclava y yo traduzco los textos.” concluyó triunfal. Sabía que había dado en el blanco. Nadie dejaría escapar una oportunidad tan buena para lograr dinero fácil, y el ver que se le escurría entre las manos podía poner nervioso al romano y facilitar las cosas.

“¿Qué?” preguntó incrédulo el militar “Pe-pero… pero eso no..”balbuceó el hombre, que de pronto parecía tenso y nervioso.
“¿No es eso lo que queríais? Conservar a vuestra esclava. Vuestra familia debe de sentir mucho aprecio por esta joven… sin duda alguna. Comprenderéis que esta es la mejor opción… ¿verdad?” dijo ella. Nefertari hablaba como si jugara con él. Era cuestión de tiempo que consiguiera lo que se había propuesto, no podía haber ido mejor.
“Sin embargo… al ser nativa…” dijo el romano tratando de convencer a la reina sin parecer desesperado. En su mente la idea de perder tal cantidad de dinero… casi no había tenido en las manos… casi.

“Oh, no se preocupe” dijo Nefertari con aire distendido “Con un millón de sestercios tendría para comprar a cuatro o cinco esclavos bárbaros…” dijo como si no tuviera importancia, pero la tenía. Ahí estaba la clave. Con un millón, cuatro o cinco. Lo había dejado caer con sutileza, como si no lo pretendiera. Había sido un gran error por parte del romano el subestimar a la reina.

“Cuatro o cinco…” murmuró el romano. “Me temo que tiene razón, alteza, es un precio algo alto por una simple esclava. Mejor… diga usted una cifra” dijo aparentando amabilidad.
“oh… vaya, pues quizás 150.000 sestercios… 200.000 puede…”dijo haciendo ver que se lo pensaba.
“¡Pero si usted misma ha podido comprobar que realmente es nativa! Y era una sacerdotisa… tenía buena educación, seguramente hasta sabe leer.” Dijo el general viendo que había jugado con él. No le quedaba más que sacar lo que pudiera y lamentarse por haber pensado que la reina se dejaría estafar.

“300.000 pues. Es más que generoso ¿no?” dijo mirando a la celta con una sonrisa.
El romano murmuró algo, seguramente improperios contra su mala fortuna. Asintió, con el entrecejo fruncido, de mala gana. Su avaricia había roto el saco. Podía haber sacado algo más aunque debía reconocer que lo que la reina le daba era muy generoso, pocos, por no decir ninguno, pagarían tal cantidad de dinero por una esclava.

Nefertari llamó a una criada y le ordenó que trajera el dinero. Al poco rato aparecieron varias criadas llevando el dinero, que acababan de contar para asegurarse de que no era ni más ni menos.
El romano puso el dinero en una bolsa de tela, con brusquedad, algo enfadado pese que había hecho un buen negocio.

Justo antes de salir de la sala se giró para dirigirse a la reina.
“¿Me pagaréis mi vasija?” gruñó el hombre.
“Os espera fuera.” Indicó la reina, con una sonrisa maliciosa.
El romano, dándose cuenta de la jugada de la reina, se fue cerrando la puerta tras de sí, provocando un ruido enorme, casi pareció que la puerta iba a romperse.

Una vez solas, Nefertari se giró hacia la celta.
“ya te dije que aquí no eras esclava de nadie. Ve a ponerte la ropa, es más cómoda… ¿Verdad?” dijo con amabilidad.
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MensajeTema: Re: Recién llegada en el País del Desierto [ABIERTA]   Dom Abr 20, 2008 9:37 pm


No podía creérselo, había salido mucho mejor de lo que hubiera imaginado en su vida. Había asistido a la transacción en silencio, manteniéndose en un segundo plano mientras observaba cómo su vida cambiaba de manos. Algo le decía que estaba mucho mejor de esa manera, pero la furia interna del romano, esa que brillaba en lo más profundo de sus ojos, también le decía que podría no terminar así, que podría complicarse de alguna forma.

Por la Diosa que tengo el corazón en la garganta” comentó en un hilo de voz mientras escuchaba la reminiscencia del golpe de la puerta.

Miró hacia la reina, con una sonrisa tímida. El gesto de retirarse un mechón del rostro salió natural mientras se quedaba pensativa buscando una manera de agradecerle todo lo que había hecho por ella. Ahora estaba en sus manos de una manera mucho más profunda de lo que jamás había estado en manos del romano. Se había ganado su respeto y su lealtad, su fidelidad, le había demostrado por qué era una gran gobernante.

Os debo la vida, Reina de Egipto, y desde este momento os digo que cualquier cosa que necesitéis de mi solo tenéis que pedirlo.”

Era una manera como otra cualquiera de demostrar a la mujer que quería ayudarla, que no le importaría hacer lo que fuera por ella. Asintió entonces a sus palabras entrando de nuevo a la estancia de al lado donde instantes antes había estado para ponerse otra ropa. El sentir esa tela suave rozando su piel provocó que por un instante sus ojos se cerraran de puro placer. Su piel, dolorida, se encontró gozosa por sentir la textura del lino.

Minutos más tarde salía de la sala contigua terminando de rehacerse la trenza que se había soltado. El vestido de lana negro en un brazo mientras que se sentía ligeramente desnuda por lo liviano de la nueva prenda, cuando miró a Nefertari a los ojos.

”¿Cómo puedo agradeceros todo lo que habéis hecho?” preguntó mientras la miraba a los ojos acercándose hacia la reina pero deteniéndose a unos pasos en gesto de respeto. Sus ojos verdes se clavaron en los de la reina.” Si necesitáis mi ayuda para traducir lo que sea, para comunicaros con personas de las islas que forman mi tierra o simplemente para conocer las formas de vida de mi pueblo, lo haré porque me habéis demostrado que sois merecedora de mi respeto.”

Lo era, como no lo había sido nadie desde el momento que la habían arrebatado de su lugar de nacimiento. Podía notar el halo de poder que se encontraba en torno a la mujer, en torno a la reina, ese halo que solo mostraban unas pocas personas y Nefertari era una de ellas.
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MensajeTema: Re: Recién llegada en el País del Desierto [ABIERTA]   Dom Abr 20, 2008 10:15 pm

Nefertari negó con la cabeza.
“No me debéis nada. Pero si necesito algo os lo haré saber.” dijo sonriendo.
La reina recordó sus visitas a Roma y lo mal que lo pasaba al ver como trataban a los esclavos, gente buena e inocente que no era merecedora de tal castigo. Recordó que no tenían ninguna clase de derechos, que los podían tratar peor que a los perros con total libertad.

Mientras la celta se cambiaba de ropa, Nefertari fue preparando la mesa para jugar al Senet. Pensó en que la joven podría quedarse esa noche y comer allí, para luego poder partir en busca de una suerte más justa. Pensó en todos los que estaban igual que Siobhane, en todos los esclavos sin oportunidades. Sabía que la guerra era dura, sabía que en todas las guerras ambos bandos perdían algo, pero hacer prisioneros a inocentes era demasiado cruel. Entendía que así Roma conseguía inspirar miedo y respeto, pero aún así no había justificación alguna. Había visto el circo, nunca se había horrorizado tanto. Recordaba gente pidiendo que echaran a unos pobres esclavos a los leones, para divertirse viendo su desesperación y angustia.

Las palabras de Siobhane sacaron a la joven gobernante de su ensimismamiento.
“No existen tales textos. Pero algún pretexto debía buscar para liberaros… mentir está mal, pero creo que la balanza de Maat me daría la razón e indicaría esto como una buena acción.” dijo.
“El juego es sencillo y muy popular en Egipto” dijo Nefertari indicando a la ex-sacerdotisa que se sentara al otro lado del tablero. “El objetivo es sacar las fichas antes que…” empezó a explicar.
Dos golpes en la puerta interrumpieron a la egipcia, quien le pidió a la persona que estaba detrás que pasara.
Una noble egipcia asomó la cabeza, sonriendo, algo sorprendida sin duda al encontrarse con unos desconocidos ojos verdes delante de ella.

“Majestad… tenéis una invitada… en cualquier caso, la cena ya está lista.” Dijo la mujer.
Nefertari asintió y se levantó.

“Siobhane, hoy ha sido un día muy ajetreado para todos, quizás quieras pasar la noche aquí. Si tu intención es volver a tu casa, puedo pedir un favor a cierto capitán amigo mío, que sé de buena mano que se dirige dos veces al año a las islas. Por el momento, vayamos a cenar, ya tendremos tiempo de hablar de esto.” dijo la reina dirigiéndose a la puerta.
La noble egipcia miraba con curiosidad a la extranjera pero con especial interés al extraño vestido de un material que nunca había visto antes. Escuchaba la conversación de las dos jóvenes sin entender una sola palabra de aquel idioma tan lejano.

“Lana.”dijo la reina. “Es lana. Es bastante cómoda en el norte, abriga muy bien. Pero aquí es más bien asfixiante.” Le explicó a su amiga en su idioma paterno.
Las tres chicas se dirigieron hacia el salón privado, donde comían siempre que no había una celebración importante.
Al entrar estaba más tranquilo que de costumbre, pronto se dio cuenta de que su hermana no estaba allí y preguntó por ella. Le recordaron que había ido a acompañar a la emperatriz romana por las ciudades más importantes del país.
Su tía tampoco estaba, recordó que le dijo que se ausentaría en la cena para ir a visitar a unos amigos en Luxor.
Nefertari tomó asiento y sonrió amablemente a la joven celta, para que perdiera el miedo y se sentase.
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MensajeTema: Re: Recién llegada en el País del Desierto [ABIERTA]   Lun Abr 21, 2008 8:40 pm

Asintió ligeramente, mirándola por un instante. No quería insistir, no quería resultar pesada, pero esperaba en algún momento poder pagarla con la misma moneda, poder hacer algo por esa persona por la que había recuperado la libertad. Sabía demasiado bien que tenía que ir con cuidado, que tenía que medir cada uno de sus pasos y buscar la manera de no volver a caer en manos de ninguno de esos pueblos esclavistas, algo difícil en una Antigüedad donde la esclavitud estaba al orden del día, donde las sociedades esclavistas eran la norma y no la excepción.

La mentira no era la mejor de las maneras, pero en ocasiones era perfecta para poder salir adelante en un mundo que se encontraba entretejido con mentiras, con traiciones, con conspiraciones taimadas que provocaban los cambios más importantes a lo largo de todo el cauce del Mar Mediterráneo. Miró a los ojos de la mujer, asintiendo. No podía juzgarla cuando se imaginaba que tendría que lidiar con ello cada día de su vida, lidiar con las mentiras y la falsedad para seguir manteniéndose en el poder.

No os puedo juzgaros cuando habéis conseguido mi libertad por una mentira que no hace daño a nadie.” contestó mientras sonreía brevemente.”Y en cambio hace bien, mucho bien, aunque claro está, lo veo desde un punto de vista puramente egoísta.”

Después se zambulló en las explicaciones y el juego de tablero que tenía delante, como es lógico no aprendió todo lo que tenía que aprender y se sentía oxidada, pero la curiosidad se movía para que la mente de la celta fuera analizando cada norma, cada manera de jugar, cada movimiento de la reina mientras las iba grabando en su cabeza para quizá con posterioridad poder volver a jugar, aunque seguramente jamás llegara al nivel de Nefertari.

Asintió dándole las gracias con la mirada a la reina.

”Os lo agradezco y acepto la invitación, ha sido todo tan repentino que no estoy segura aún de qué va a ser de mi vida, mi intención es volver a las Islas, pero es cierto que quizá sea más conveniente que pasara un tiempo… al menos hasta que el Romano se marche de Egipto”.

Y esa marcha no sabía cuándo se produciría. Si el romano supiera realmente que le habían timado, cosa que estaba clara, seguramente enfurecería y quizá buscara represalias. Prefería no arriesgar a su benefactora de esa manera porque por mucho poder que tuviera… nadie era inmortal y en Roma había conocido de primera mano los entresijos de la política, de los asesinatos, de las conspiraciones y le había gustado en absoluto.

Cuando entraron en el salón Siobhane no pudo por menos que maravillarse por el lugar donde se encontraban, un verdadero palacio. Era una estancia perfecta para las reuniones privadas, pero no desmerecía en absoluto a lo que había visto en el resto de la estructura. Ella que estaba acostumbrada a las simples cabañas de madera y piedra, estar en un lugar como aquel provocaba en ella una sensación extraña. No creía que fueran menos desarrollados, simplemente que la evolución les había llevado a ambas culturas por caminos diferentes.

Se acomodó entonces, dejando el vestido a un lado, para después mirar hacia Nefertari y la otra mujer que se encontraba con ellas en la estancia.

”Este lugar es una maravilla, hasta que no llegué a Egipto no encontré nada parecido.” no sabía cómo explicarlo en el lenguaje vernáculo, por lo que frunció ligeramente el ceño.

- Tengo que aprender este idioma para comunicarme mejor con ellos.- pensó, mientras se mordía ligeramente el labio inferior.
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MensajeTema: Re: Recién llegada en el País del Desierto [ABIERTA]   Mar Abr 22, 2008 12:10 am

La reina le dedicó una sonrisa a la joven celta.
“Si esto te maravilla deberías ver los oasis, o el amanecer reflejado en el Nilo, o el susurro del viento en el desierto… Puede que este palacio no dure para siempre, puede que dentro de quinientos años solo sea un par de piedras, vestigios de u pasado olvidado, pero los oasis seguirán sorprendiendo a los hombres, el dios Sol seguirá iluminando el Nilo, y el viento seguirá regalando hermosas sinfonías.” Dijo sabiendo que sonaba algo poético. Era curioso, pero en los últimos días había aprendido a apreciar la retórica más que nunca, Sed, su amado, siempre hablaba de los lugares casi como si compusiera un poema. Posiblemente ese modo de expresión había empezado a echar raíz en la reina, después de escucharlo tantas veces.

“Me temo que la mala suerte vivida en estos días no te ha permitido apreciar todo esto, pero estoy segura de que en el viaje de vuelta verás tantas maravillas que el palacio será la más insignificante de ellas.” Dijo Nefertari, como si formulara un deseo. Deseaba que la fortuna fuera más generosa esta vez con la extranjera.

Los criados sirvieron la comida y empezaron a comer. Supuso que el romano no se encargaba de alimentar demasiado bien a la celta, así que Nefertari ordenó que le sirvieran algo más de comida y le dijo que si deseaba algo más que lo pidiera sin miedo.

“Siobhane, ¿puedo preguntarte cómo terminaste en manos de ese hombre? Sé que sus conquistas son rápidas, pero… ¿han llegado tan al norte? Creí que las tierras que habían logrado eran unas pocas, sin embargo las cantidades de esclavos británicos son desproporcionados a los territorios que tenía entendido habían adquirido. Aunque me extraña si llegaron a hacerse con una sacerdotisa supongo que tendrán muy controlada la situación, el pueblo no toleraría un insulto a tu Diosa tan grande si pudiera evitarlo…” Dijo sacando sus propias conclusiones.
La conquista de las Islas era un tema algo preocupante para los mayores estados. Sabía que los persas desconfiaban cada vez más de los romanos y que las alianzas con Grecia se estaban debilitando. La paz cada vez parecía más frágil.

“Por cierto, no me has dicho aún cual es la Diosa a la que sirves… ¿Epona quizás?” se aventuró a preguntar la chica. Había estado un par de veces en las Islas, pero sus conocimientos de la religión y la cultura celta se basaban casi completamente en los libros.
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MensajeTema: Re: Recién llegada en el País del Desierto [ABIERTA]   Sáb Abr 26, 2008 4:30 pm

Escuchando las palabras de la reina casi podría imaginarse con toda tranquilidad los lugares que estaba describiendo. Aquel lugar, que en un primer momento la había resultado hostil, comenzaba a resultarle cada vez mucho más interesante, mucho más mágico de lo que en un primer momento se hubiera podido imaginar. Escuchaba esas descripciones y su mente intentaba imaginarse esos lugares que no había tenido ocasión de ver. Sabía que aquel lugar estaba caracterizado por el sol, por el calor, por el desierto, pero no había salido más allá de las cercanías del palacio por miedo a perderse.

”Me aventuraré a salir entonces fuera de estas cuatro paredes para disfrutar de lo que los Dioses nos ofrecen, cada lugar del mundo tiene sus bellezas aunque en un primer momento no seamos capaces de verlo” dijo más para ella que para la reina, con gesto ligeramente pensativo.” Gracias por permitirme ver esa otra parte de este lugar que en un principio no he sabido ver.

El viaje de vuelta… aún no había pensado en ello, quizá porque estaba demasiado preocupada por saber cómo hacerlo. Tendría que estar una temporada en ese lugar, para ello necesitaba encontrar trabajo en algún lugar para conseguir después las monedas suficientes como para poder llegar hasta sus islas. Temía que si hacía un movimiento en falso tendría que pagar las consecuencias porque el Romano estaría vigilando sus movimientos, estaba segura.

”Tendré que encontrar un trabajo para hacer, ¿en Palacio se necesita más mano de obra para serviros?” preguntó, porque a pesar de su condición tenía un origen humilde y no le importaba el tener que ensuciase las manos si de esa manera conseguía salir hacia delante.

La pregunta de la mujer la trajo malos y distantes recuerdos, su rostro se ensombreció por un instante, para después mirarla a los ojos intentando tranquilizarse, evitar que notara las tormentas que habitaban en lo más profundo de sus ojos.

” Masacró prácticamente a toda mi gente, en el lugar donde vivía, a toda mi familia tanto de sangre como a las Sacerdotisas que podría considerar mis hermanas y después me arrebató de ese lugar.” el tono era tranquilo, pero había algún tipo de desesperación en su voz.”Todos pensábamos que en las Islas estábamos lejos de su alcance, pero mi pueblo no es un pueblo unido… hay demasiadas tribus distintas, demasiados clanes y familias que pocas veces se unen para hacer frente a algo de manera conjunta”.

Escuchó a la mujer, sonriendo suavemente. Era difícil aunque a la vez muy fácil. Eran todos pueblos con varios dioses, pueblos que no consideraban que aquello era malo. Pueblos que entendían la religión de esa manera, mucho más allá de un ser supremo todopoderoso.

” Mi Señora es la Naturaleza, tanto con su faceta benigna como su parte más cruel.” contestó mientras la miraba a los ojos.” ¿Y cómo son vuestros dioses?

Sentía curiosidad por ver si había similitudes o no… muchas veces creía que en realidad eran las mismas divinidades solo que con distintos dioses según las zonas donde estuvieran.
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MensajeTema: Re: Recién llegada en el País del Desierto [ABIERTA]   Sáb Abr 26, 2008 5:17 pm

Nefertari asintió con suavidad, mientras pensaba en el coraje de la joven. No todas las personas de cierta posición en una sociedad actuarían tan valientemente en esas circunstancias. Había reclamado un trabajo, sabiendo que podía ser uno poco digno de una sacerdotisa. A la mayoría le repelería la posibilidad de terminar limpiando los suelos o ayudando en las cocinas, pero al parecer a la joven extranjera no. Aquello no demostraba que hubiera caído bajo, era una prueba de valor y superación, de esfuerzo.
No era difícil encontrar un trabajo para una persona joven y sana en el palacio, pero desde un primer instante Nefertari tenía pensado una ocupación para ella.

“podéis ser mi criada de cámara.” dijo mientras esperaba que un criado le sirviera en su plato.
Era un trabajo de bastante nivel, era un honor servir a la reina de un modo tan directo y fue por eso que la mujer que las acompañaba en la cena miró a la reina atónita.
“majestad, es una extranjera.” dijo la mujer.
Nefertari hizo caso omiso a la dama y continuó su conversación con Siobhane.

“El panteón de dioses egipcios es muy amplio y rico.” Explicó justo antes de beber un poco de agua de su vaso.
“Existen muchas deidades con historias distintas. Por ejemplo la historia de Isis y los siete escorpiones, que nos enseña a ser hospitalarios con los demás.” dijo Nefertari mirando a la dama egipcia de reojo.
“Al igual que en otras tierras las historias de los dioses nos dan lecciones a la vez que nos dan respuesta a nuestras preguntas.” explicó la reina.

“Si queréis podéis acompañarme a alguna de mis visitas a los templos y os explicaré las hermosas e interesantes historias narradas en sus paredes.” ofreció la joven.

A Nefertari le gustaba mucho contar las historias de los dioses, las leyendas de las ciudades. Se le daba bien explicar historias y a veces, cuando en un banquete, los pequeños hijos de los nobles se aburrían de las anécdotas de sus padres y de la política o la economía, Nefertari les contaba alguna de esas historias, que habían oído mil veces, pero logrando que la escucharan como si fuera la primera vez. Aunque al contar las historias se dirigía a los niños, el silencio absoluto dominaba la sala, eran los adultos quienes pedían silencio para poder prestar atención a sus palabras.
Tuvo que contenerse con Siobhane, ya que estuvo tentada a explicarle mil y una leyendas, aún con más interés que de costumbre ya que para la extranjera realmente sería la primera vez que escuchaba la historia.
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MensajeTema: Re: Recién llegada en el País del Desierto [ABIERTA]   Sáb Abr 26, 2008 11:50 pm

Sus palabras hicieron que Siobhane alzara el rostro para mirarla porque sabía lo que significaba eso y la mirada escandalizada de la otra mujer que se encontraba con ellas se lo demostró. Era un privilegio el estar como sirviente para la Reina, de la misma manera que en su hogar resultaba un privilegio el estarlo para una de las Sacerdotisas de más poder, incluso para la principal de todas ellas, por el resto… especialmente para las nuevas que entraban a la “orden”.

Se la quedó mirando durante unos instantes en silencio, para después asentir mientras que en sus ojos verdes por un instante se pudo ver un destello de agradecimiento. Había esperado tener que estar limpiando suelos o en la cocina o… pero jamás se hubiera imaginado estar directamente relacionada con la mujer de más alta posición en todas esas tierras. Resultaba gratificante y agradable ver que allí, en ese reino quemado por el sol, había personas como su reina que no juzgaban antes de conocer.

”Gracias Nefertari, no sabéis lo que esto significa para mí.” el rostro fue inclinado en un gesto de respeto para después apartarse ligeramente.

Las viandas fueron servidas mientras ambas hablaban, notando de vez en cuando las miradas de la mujer que se encontraba en la mesa con ellas. Se temía que estaba siendo descortés, pero no podía hacer nada más, no tenía el dominio suficiente de la lengua, algo que esperaba pudiera resolver, como para poder hablar en una que todas entendieran.

Escuchó las palabras de Nefertari y asintió. Le gustaba aquel lugar y el saber que había leyendas, como en su propio pueblo, sobre los dioses y los héroes, sobre esos personajes que habían luchado de manera magnífica contra mil y una adversidades diferente que siempre se les ponía por medio.

- ¿En el futuro algún bardo contará la historia de Nefertari? ¿O la mía propia? ¿Seremos alguno de esos héroes que han luchado por su pueblo y que se merecen el reconocimiento de sus gestas? No, yo desde luego no… pero la joven reina pasará a la historia.-

Picoteó pensativa en la comida que tenía delante para después mirar a la reina cuando la preguntó aquello, asintiendo.

”Me gustaría acompañaros, es más… me sentiría honrada al escuchar las historias de vuestros dioses” contestó mientras la miraba, sonriendo ligeramente.”¿Cuáles son los principales? Me temo que no conozco demasiado de vuestra cultura?
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MensajeTema: Re: Recién llegada en el País del Desierto [ABIERTA]   Dom Abr 27, 2008 12:58 am

-Bueno, está el de Dendera, Karnak, Luxor, Edfú, Kom Ombo...-dijo nombrando a los que le parecieron más conocidos.
“no te preocupes, ya conocerás el país.” Dijo antes de probar la carne. “oh, y no te preocupes por ella, no hay persona más aburrida en el mundo” dijo refiriéndose a la mujer que no dejaba de mirar a la joven celta.

“No es mala persona, ni mucho menos, pero es demasiado recta, incluso para mi gusto” explicó sin mirar a la mujer.
Pensó en los problemas de idioma que estaría teniendo Siobhane, y pensó que seguramente en la biblioteca podrían encontrar algún libro en lengua extranjera que hablara del egipcio, aunque sabía por experiencia que el mejor modo de aprender un idioma era estar rodeada de gente que lo hablaba. Así era como había aprendido idiomas, viajando. Era algo que la fascinaba, conocer a gente que tiene un punto de vista distinto, ver lugares magníficos y tradiciones muy curiosas… Creía que se podía aprender mucho de la gente si se le prestaba la debida atención, especialmente de las personas de otras tierras.

“Quería pedirte, que dieras una nueva oportunidad a las tierras del mar mediterráneo, tanto a Roma como a Egipto, supongo que tus experiencias en Roma son bastante negativas, aun así considero que es un lugar muy interesante.” Explicó la joven.

Cuando su mente volvió al libro, una cadena de pensamientos terminaron desembocando en una pregunta.
“¿habéis estado en la biblioteca de Alejandría?” inquirió con curiosidad.

Daba por supuesto, que alguien con una educación y con cierta cultura, estando en Egipto, hubiera querido visitar el lugar.
“Es un lugar increíble.” Dijo la reina. Realmente era un lugar mágico para ella. Adoraba la lectura y a veces, estando allí pensaba en que tendría que vivir cientos de años para poder leer todo cuanto creía que una persona debía leer.
“Es un lugar tranquilo, pero a la vez a veces lleno de gente, estudiosos casi siempre. Hay gente tan inteligente… hay más libros de los que puedes imaginar, algunos antiquísimos, escritos por la propia mano del autor. La construcción es bellísima. Las columnas de mármol están decoradas con finos hilos de oro, y los ventanales dejan pasar la luz con una suavidad única, hay unos jardines preciosos… ¡oh! Y una jaula con cientos de pájaros en medio de la hierba.” explicó. Mientras hablaba rememoraba el lugar, cada esquina, cada rincón, cada estantería. Era obvia su pasión por aquel lugar, su fascinación.

Sonrió al terminar de hablar, más para ella que para su invitada, le hizo gracia el pensar en lo absorta que estaba a veces pensando en sus lugares favoritos, la mayoría de ellos en su tierra.
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MensajeTema: Re: Recién llegada en el País del Desierto [ABIERTA]   Dom Abr 27, 2008 2:37 pm

”Me encantaría visitar esos lugares”. comentó sin saber que muchos de ellos estaban muy lejos del Palacio y de esa ciudad bañada por el Mediterráneo.

Al escuchar a la reina, como si la hubiera leído el pensamiento, asintió ligeramente mirando de reojo hacia la mujer egipcia que claramente se sentía incómoda, mientras que con la espalda completamente recta comía lentamente el plato que tenía delante. La recordó a un pajarillo picoteando apenas la carne que estaba servida, como si comer mal pudiera ofender a alguien que desde luego no se encontraba presente.

Ella era una mujer de buen apetito, por lo que comió intentando contenerse. Su estómago refunfuñaba ligeramente porque había estado demasiado tiempo sin probar un auténtico festín, su antiguo amo no había considerado que para lo que hacía tuviera que gastarse demasiado en su manutención.

Tendré que aprender vuestro idioma, no es justo hablar en un idioma que el resto no entiende… me imagino que poco a poco el oído se me irá acostumbrando, al menos ahora mismo se reconocer algunas de las palabras que suenan a mi alrededor”

Y no llevaba tampoco muchos días. Tenía suerte, solía entender más o menos los idiomas enseguida, otra cosa será hablarlo y por supuesto escribirlo sería todo un logro. Tendría, aún así, tiempo suficiente como para hacerlo. Solo tendría que tener paciencia, la suficiente paciencia como para ir aprendiendo lentamente ese idioma de una civilización que temía que al final la enamorara lo suficiente como para olvidar su tierra…

-Eso sería imposible… jamás podría olvidar la tierra que me ha visto nacer, que me ha visto convertirme en lo que soy ahora.”- pensó apartando rápidamente esos últimos pensamientos. Ese lugar era hermoso, pero como su tierra… ninguna.

”Se que debo darle una nueva oportunidad… pero me temo que no pasaré demasiado por Roma, no quisiera volver a caer en manos del Romano, aunque es cierto que la Ciudad es una auténtica maravilla… con todos esos monumentos, con todas esas gentes de diferentes lugares.”

Había escuchado hablar sobre la Biblioteca de Alejandría, pero no había podido ir. Mientras escuchaba la mujer podía ir imaginándosela directamente en su cabeza. Seguramente sería un lugar magnífico, aunque se temía que no entendería demasiado lo que esos papeles dirían, su civilización no tenía la misma escritura que la suya.

”Debe ser un lugar magnífico, me gustaría visitarla… ¿está muy lejos de Palacio?” preguntó con toda la curiosidad de una recién llegada.
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Nefertari Merienmut
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MensajeTema: Re: Recién llegada en el País del Desierto [ABIERTA]   Dom Abr 27, 2008 10:19 pm

Nefertari asintió.
“Está muy al norte. Pero suelo ir cada dos meses más o menos” explicó la joven reina.
Se percató de que la joven se contenía y se apresuró en animarla a dejar de lado las formalidades.
“Come cuanto quieras. Debes de estar hambrienta. No te preocupes, la única que puede ofenderse es ella y la verdad es que a nadie le importa.” Dijo refiriéndose a la egipcia que seguía mirando con desconfianza a la extranjera.

La cena continuó con una charla sobre las diferencias culturales entre celtas y egipcios. Seguía fascinándole esa cultura en grado máximo. Le parecía interesante el carácter de aquella gente, sus leyendas y dioses, sus costumbres y como se las arreglaban para combatir el frío.

Al terminar de comer se dio cuenta de que en algún momento de la conversación la noble que las acompañaba se había levantado y se había ido. Al principio le supo mal, no pretendía ofenderla hablando en ese idioma para ella desconocido, pero luego pensó que en parte era mejor, ya que no parecía estar muy cómoda con la extranjera. Tendría tiempo de compensárselo otro día.

Se levantaron y se dirigieron hacia la habitación de la reina. La joven egipcia se sentó en el tocador, siguiendo su costumbre de siempre.
Apareció su antigua ayuda de cámara, que iba a ser sustituida por la extranjera. Nefertari le explicó que ya había encontrado sustituta y que ya podía irse con sus hijos a Nubia. La mujer de piel oscura se alegró y dio unas cuantas indicaciones a Siobhane sobre lo que debía hacer y especialmente, donde estaba cada cosa. La mujer se percató de que apenas entendía alguna palabra suelta y decidió indicárselo con gestos, haciéndole entender bastante bien donde estaban los vestidos, las joyas, los perfumes, los peines, el maquillaje, etc.

“¿Te importaría empezar hoy?” le preguntó Nefertari. “Así Maketaton podría salir mañana mismo hacia su casa. Además, hoy puede enseñarte más o menos lo que debes hacer” explicó la reina.
La mujer Nubia le quitó el tocado de la diosa Mut a la reina y le indicó a Siobhane que la peinara. Luego le enseñó donde guardar ese tocado.

La mujer, que ya era algo mayor, se movía con destreza por la habitación sin perder un segundo. Llevaba años haciendo ese trabajo, antes que ser la ayuda de cámara de Nefertari, lo había sido de su madre, así que conocía con exactitud cada pieza del mobiliario, cada joya, cada aceite con más precisión que la propia Nefertari.
Murmuró algo al ver que la joven celta tardaba en reaccionar a sus ordenes y luego le volvió a agradecer a Nefertari que la ayudara a volver a su casa.
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MensajeTema: Re: Recién llegada en el País del Desierto [ABIERTA]   Jue Mayo 01, 2008 2:46 pm


La cena había pasado rápido, quizá porque estaba entretenida escuchando a la mujer, quizá porque tenía hambre y el estómago, los instintos, habían tomando el control y por eso se encontraba poco más que escuchando, contestando en alguna ocasión y procurando no comportarse como un animal. Había tenido la educación suficiente, muchos dirían que mayor que un mismo noble de sus tierras, como para ser comportarse delante de ciertos personajes y Nefertari era el mayor de todos los personajes con los que se había tenido que enfrentar, en el buen sentido de la palabra.

Una vez finalizado la cena, se encontró en la alcoba de la reina, con una mujer de color. Había visto mujeres negras en Roma, incluso el Romano tenía varios esclavos en la misma casa, pero tampoco había tenido que encontrarse directamente con uno de ellos, menos que fueran los encargados de enseñarla.

Se movía con torpeza ya que el idioma empleado por la mujer le costaba entenderlo, quizá fuera por el ligero acento, quizá porque aún no comprendía del todo el idioma nativo de ese país de desiertos y oasis. Sus ojos atentos fueron recopilando toda la información puesto que cuando se encontraba en Britania le había tocado en más de una ocasión hacer de ayudante de la Sacerdotisa más importante de su zona, incluso en una ocasión tuvo que serlo de la más importante de toda la Isla.

A pesar de que una mujer no pudiera llegar a ser nunca una Druida de tercer grado, por llamarlo de alguna manera, las bandruidh, las mujeres druidas, tenían un importante papel en el mundo de los celtas, un importante papel que solo ellas, por regla general, podían representar.

Una hora más tarde todo había terminado y la criada negra, tras hablar con la reina seguramente criticando la torpeza de la muchacha celta, se había alejado de allí dejándola delante de la Reina ya dispuesta para descansar y acostarse. Los ojos de la celta se clavaron entonces en los de ella y negó suavemente.

Lamento mi torpeza, me temo que no estoy demasiado acostumbrada a lidiar con todo esto, espero poder ser digna del papel que me habéis dejado tomar.

No era más que una criada, no era más que una mujer que tendría que mantenerse en las sombras y aún así… se sentía mucho más libre que lo que había estado en Roma, muy cerca a lo que había sentido en su país natal porque esperaba, deseaba, que al menos en esa situación pudiera dar culto a sus dioses de una manera mucho más libre que en la casa del Romano.
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